28 abr 2010
Crucificada
La llevé a mi cuarto, la tiré en el piso
La desvestí
Saqué el colchón de la cama
Armé de improviso un crucifijo de tamaño natural con las tablas de madera
La tomé de los brazos, estaba pesada por el sueño
La puse encima de la cruz
Extendí sus manos
Y le clavé las extremidades a la madera con las palabras que nadie me permite utilizar.
Desde entonces la tengo colgada en mi jardín
Algunos no entienden y llaman a la policía
Otros en cambio hacen eso con sus esposas
Pero no era mi intención influir en la familia nuclear, yo solo quise
que la poesía en la cruz me haga un milagro al tercer día de resucitación.
¿Y qué más?
Tiene una almohada donde reposa la cabeza.
Y por si acaso un letrero encima que dice mi nombre.
25 abr 2010
Un poema que encontré en la calle
Andaba mal de la rodilla
Le dije que le habían puesto mal los engranajes
Pero no me hizo caso
Le vi el rostro cansado
La piel a medio lijar
Las manos un poco mullidas y las piernas arqueadas
El poema siguió su camino
Pero me enojé tanto por el desaire que escupí al suelo
Y tomé mi bate béisbol y le pegué en la corva derecha
La gente me miraba
Me gritaba abusivo de mala entraña
Cobarde mala madre
Pero el poema de repente empezó a caminar derecho
Abrió incluso un poco más los ojos y se estiró como desperazándose
Y la gente dijo que era milagro
Por supuesto que no lo era, simplemente fue un golpe seco.
El poema entonces se hizo amigo mío
Lo llevé al centro de Lima para hablar de otros poemas
Me dijo que varios necesitan del poder de mi bate
Aunque algunos ya andaban desahuciados debido a la pedantería de algunos
Que escriben poemas y los olvidan en los libros que logran editar con editoriales mediocres.
Y así, estuvimos por Quilca, Camaná, Colmena
El poema estaba un poco picado, pero qué diablos
Le presenté un par de prostitutas, se quedó con la más gorda
Fuimos a bailar a un bar de mierda y su rodilla mejor que nunca.
Pero se nos hizo tarde así que apuramos acostarnos con las putas
El poema gimió gritando nombres de mujeres
Lugares y calles que yo no conocía, deliraba de placer.
Saliendo del hotelucho le pregunté al poema por qué aquellos nombres y lugares
Me dijo que con eso andaba por todas partes, porque se había perdido y olvidado muchas cosas
Que tenía entre sus bolsillos algunas ideas que su dueño las había dejado
Que bien pudieron ser para un par de libros y quizás más
Y que yo lo había encontrado y que pensaba si era mejor buscar a quien lo escribió
O meterse en mi cuaderno de apuntes, que él no diría nada.
Obviamente que de inmediato le pegué con mi bate de béisbol en la cabeza
Cayó como una costal de cuentos de final feliz
Lo metí entre las hojas de un cuaderno viejo y lo encerré en mi mochila.
Desde entonces ando despostillando cabezas y rodillas por el centro de Lima
Para ver si algún poema perdido se arregla y me ayuda con eso de tener que escribir
Y no sufrir toda la noche porque los poemas no caen en la trampa de pájaro
Que siempre pongo cada noche encima de las hojas en blanco como ésta.
22 abr 2010
Días raros
Hoy anduve por Wilson y vi a un gringo caminar con un extraño tic. A cada paso volvía la cabeza y parecía mandar besos a la persona que caminaba detrás de él. Y en cada 5 pasos, levantaba la rodilla izquierda, como marcando el paso en desafile escolar. Así, lo vi desde Paseo Colón hasta la Av. Bolivia. El gringo entró a un centro comercial. Antes, quería sacar mi cámara fotográfica, pero pensé en que me comportaría como idiota. Es un defecto físico, si yo tuviera alguno, no me gustaría que me anden fotografiando como si fuese un espécimen raro y en extinción.
Recuerdo que no es el único tic raro que he visto. Hace años, un compañero de clase, tenía un defecto físico que le hacía levantar la mano derecha, haciendo puño, como si fuera a darle un puñete al que se pusiera frente a él. Varias veces, incluso en presencia mía, algunos se asustaron, o se pusieron en guardia, según sea el carácter.
BOLETO
En el micro de regreso, los cobradores suelen entregar boletos a las personas que pagan el pasaje. Estos pequeños papelitos son el comprobante que pedirán luego los controladores para saber si pagamos o si somos unos conchudos de mierda. Bueno, el asunto es que algunas personas tienen una manera extraña de conservar este boleto. Algunos lo doblan en 3 ó 4 partes y lo meten entre el dedo y el anillo. Otros, lo meten entre libros que leen en el camino. Algunas mujeres lo meten en sus bolsos. Otros en su mochila o morral. Otros entre su muñeca y su reloj. Otros en el bolsillo de su camisa, en el bolsillo de sus pantalones (delantero, trasero o secretero). Otros en su billetera, algunas en su monedero. Otros simplemente cruzan los brazos para dormir y ponen el boleto doblado entre sus dedos (digamos entre las falanges del dedo medio y anular), para que el cobrador no los moleste con eso de "pasajes y boletos a la mano".
Y así, otras formas más extrañas. Pero hay casos extraños de gente distraída que no saben dónde guardan el boleto, porque al momento de subir el inspector, simplemente nunca lo encuentran. Algunos de estos hombres extraños, pagan otra vez y tal vez tres veces más.
VEREDA
¿Se han topado con una de esas casualidades de la vida donde caminan y ven a una mujer atractiva y empiezan a seguirla solapadamente hasta cierta esquina con el fin de contemplarla? Bueno, la mujer sigue su camino, parece darse cuenta, pero se hace la que no. Entonces caminas lento, dejas que ella vaya adelante y te haces como si no te importara. Pero llega el momento de la despedida. Ella lo sabe también. Cruzas hacia la otra vereda y ella voltea de reojo y se despide estoicamente. Ambos piensan en si debieron tenerla iniciativa para decirse algo y cambiar el curso de la historia de la humanidad.
21 abr 2010
No hay que dejarse vencer (No es un texto cojudo de autosuperación)
No hay por qué ni para cuándo o para siempre.
Un poema es sadomasoquista, lesbiano y barato
Prostituto de corte militar en la San Martín y borracho a medio vestir de Quilca.
A un poema hay que amarrarlo a la cama
Decirle una que otra lisura y soltará el culo.
A un poema hay que darle un par de azotes
Para que deje de joder tanto y empiece a dibujarse en esa hoja de mierda.
A un poema hay que amarrarlo a un poste
Echarle un poco de gasolina y amenazarlo de muerte
Mostrarle de vez en cuando un fósforo encendido
Un cigarro, o el mismo rostro encendido de rabia para que nos tenga miedo.
A un poema hay que sorprenderlo de espaldas
Tomarlo de la nuca y presionar sobre su sien derecha
Una pistola de grueso calibre, una que haga mucho ruido al dispararse
Por si acaso probar la pistola antes de usarla y ver cómo el poema se caga de miedo.
A un poema hay que drogarlo, hablarle como amigo
Y en el instante menos esperado meterle tranca
Petarle la barriga y la cabeza hasta que sangre
Orinarlo luego, luego patearlo otra vez
Para que no joda tanto y se dibuje en esa hoja de mierda que jode con su puto color blanco.
No hay que engreírlo, desde el inicio el principio de autoridad
Desde el inicio enseñarle una manguera cortada, un fierro caliente
La hebilla de la correa, los puños listos, el escupitajo a media lengua
No hay que dejar una rebelión que luego se venga con eso de los derechos líricos.
La licencia la tenemos hermanos, insomnes, tensos, ambiguos seres humanos
Tenemos incluso la obligación de poseerlo en algún rincón de casa
Encadenado como loco, a pan y agua, arroz y comida de perro chusco
Así, condenarlo a la vil servidumbre y maltrato. No hay que ponerse sensibles.
Y luego, luego la hoja en blanco lo mismo, debemos escribir
Con la mano que más usamos y con la otra ir quemando papeles en la vela
Para que también la hoja en blanco no joda tanto y sin cobrarnos esfuerzo
Adquiera el talento heredado de muchas hojas y muchos árboles que muchos poetas han visto.
19 abr 2010
¿En qué gasto mi plata?
ITrabajo por el centro de Lima. Recorro todos los días la ruta Los Olivos-Centro de Lima. Es decir: transito la avenida Palmeras, la Panamericana Norte, Alfonso Ugarte, 28 de Julio y bajo en el cruce con la Av. Wilson (O Arequipa). Salgo a las 6 de la chamba, pero a veces me quedo hasta más tarde, no porque me guste el trabajo sino porque le tengo miedo al tráfico. Y así, me quedo hasta que la secretaria encargada de la llave me bota de la oficina para cerrar.
Si es que salgo tarde camino un buen rato por la avenida Wilson, hasta Quilca, para pasar por los libreros y revisteros (también por los bares antiguos, los grupos de punk, góticos, metaleros y vendedores de marihuana). Si tengo plata, no puedo evitar quedarme solo con algunas monedas para regresar a casa. A veces me he quedado a las justas con S/.1.20, el pasaje exacto que te cobran en la 73, El Rápido o la 47.
La última vez que caminé por este jirón, fue para tomar algunos tragos con unos amigos de universidad en el bar de Ciro (en realidad se llama Don Lucho, pero prefieren llamarlo como llaman siempre al mesero, para pedirle una más y nos vamos). Pero aquellos amigos nunca llegaron. Mientras los esperaba fui a chequear algunos libros viejos, de un casero conocido. Rebuscando, hurgando y husmeando, logré hallar un librito que llamó de inmediato mi atención. Se llamaba “Los ojos de Picasso”. Era un libro publicado por la UNESCO, que trataba de un análisis sobre la manera en que Picasso pintaba los ojos en sus innumerables pinturas. Ciegos, virolos, miedosos, perdidos, todos ellos retratados por el genio español.
El libro contenía imágenes diversas y estaba impresa en papel couché, buena impresión, en buen estado. La edición era italiana y era de 1970. Ya pues, habría que usar una técnica para comprarla.
Como se trataba de libros apilados al azar. El asunto es coger uno y preguntar. Cuando se tiene el libro deseado, se le muestra al vendedor. Éste si es un poco culto, sabe si es libro es valioso o no, según el tema y autor. Pero si no sabe mucho de libros, sólo mira el estado del mismo y el número de páginas y les pone precio según la pinta que tengan. Así que apliqué la técnica que aprendí con los años de universitario.
Busqué otro libro, uno que más o menos me interesara. De preferencia uno viejo y no tan bien conservado. Y lo hallé: “Saber y dialéctica”, del Dr. Bogumil Jasinowski, profesor de la universidad de Chile, año 1957. Bueno, lo cogí y lo llevé al vendedor. Para sorpresa mía, no estaba (yo lo conocía, es un chato de unos 45 años que sabe lo que vende, de veras) y solo miré a dos mujeres de unos 24 años. Como no soy un adonis, ni nada de eso, nunca intento coquetear (además mi Negra me mata si se entera), así que decidí aplicar la misma técnica, digo, consideré que las jóvenes iban a ser más suspicaces e inteligentes.
Llevé el “Saber y dialéctica” para que me digan el precio. Al parecer no me hicieron tanto caso porque se estaban atragantando con un sabroso anticucho que llegó de la calle al mismo tiempo que mi pregunta. “8 soles”, me respondió una de ellas, la que acababa de tragar un pedazo de corazón a la parrilla. Muy bien, ahora faltaba el otro. Con cierto tono de desprecio, pregunté por el libro de Picasso, así, agarrándolo de la punta, como si despidiera un hedor. “5 soles”, me respondió la otra. Juntas parecían uno de esos monstruos mitológicos de dos cabezas, que estaban devorando algún mancebo recién sacrificado.
De inmediato pregunté si era posible llevar ambos libros a 10 soles. “Ya”, respondieron al mismo tiempo y siguieron con lo suyo. No resultó tan difícil. Pagué de inmediato y los dejé ahí con su anticucho preparado de corazones de jóvenes vírgenes.
Cuando supe que mis amigos nunca llegarían, me fui a la Plaza San Martín, me senté en una de las bancas hechas de mármol. Me vi rodeado de varios putos y viejos que conversaban sobre política, pero igual, ya estaba acostumbrado a ese mundo, yo soy ex alumno de la universidad Federico Villarreal, la mejor universidad del Perú para aprender la realidad de la calle. Me puse a leer.
II
Bueno, el asunto es que ya es mitad de mes y me he quedado a las justas con el dinero para pagar el alquiler, la comida y los pasajes. Ya no puedo darme algunos gustos, como el que me doy cuando paso cerca de las 10 de la noche por la Plaza Bolognesi. Por allí pululan algunos ambulantes que te venden celulares robados, zapatillas de segunda, candados, revistas porno y lo que siempre busco: viejos casetes.
La vez pasada, después de terminar una chamba bien estresante (debido a que tuve que darle gusto al cliente y hacer una mamarrachada que él imaginaba como genialidad), bajé por este lugar y me tropecé con uno de esos vendedores que expenden sus novedades sobre un plástico tendido en la vereda. Para mi suerte vi casetes y para mi mayor fortuna vi lo que pocas veces he visto en mi corta vida de comprador ilegal. Allí estaban, tres casetes originales y juntos: Chabuca Granda, Lucha Reyes y Los Chalchaleros.
El vendedor me los ofreció al ver mi interés (Hice mal, porque nunca debo mostrar interés con este tipo de vendedores, sino te asaltan con el precio. Y si tienes cara de cojudo, te asaltan literalmente), y como ya la había cagado, le pregunté por el precio. “A 3 soles cada uno”, me dijo. Pensé que era un buen precio, pero tenía que negociar. “Rebaja pes amigo”, dije. “Ese es su precio compare, son originales, así no más no vas a encontrar”. Es cierto, aunque me lo dijo mecánicamente. Así no más no los iba a encontrar. No.
Luego de verlos, chequearlos y olerlos, pensé en que sí me alcanzaba el dinero y que valía la pena, pero no quería claudicar. “Dos soles pes amigo”, le dije, adoptando una pose achorada. El ambulante de pelo escrespado y sonrisa cachacienta me miró y de reojo respondió: “Ya, pero al toque, que viene serenazgo”, me dijo finalmente. Entonces era el hombre más feliz del centro limeño. Todo el smog era el más puro oxígeno y el ruido del tráfico era una melodía de Franz Lizst.
Así, ya estaba todo listo. Solo faltaba que metiera mi mano derecha al bolsillo. Pero algo en mí, mi voz interior, mi ego, mi resentimiento incaico por todos los muertos de la conquista española me dijo que debía seguir con el enfrentamiento mercantil con el ambulante. Verifiqué sus debilidades y al toque mi boca desbordó una frase que le dio la final estocada: “Amigos, los pruebas por favor”, le dije con una seriedad que no habría podido quebrantar un terremoto de 30 grados, con aluvión incluido. El ambulante, que ya me estaba cayendo simpático (debido a que lo miré totalmente controlado), no tenía alguna radiograbadora o walkman antiguo para probar la mercancía y sólo alcanzó a decir: “No te pases pes compare, no tengo pa probar”. “Bueno, pucha, cómo hacemos ahora”, respondí en el acto. “Están bien compare, siempre también me traen a mí”, dijo como pidiendo clemencia.
Bueno. El asunto fue que me fui contento. Esos tres casetes valían más que mi celular. Sin duda. “Así no más no vas a encontrar”. Cierto. Así no más no encontraría esos casetes. Al llegar a casa puse el de Chabuca, canté “Fina estampa”, “La flor de la canela” y “Puente de los suspiros” con un ímpetu que de seguro despertó a mi casera que acostumbra tomar un par de barbitúricos antes de dormir. Era mi día. Y me reí de un amigo que me dijo: “¿Qué haces con tanto casetes, por qué no los botas, si ya hay mp3?”. Imbécil...
15 abr 2010
¿Extorsionadores? No gracias, ya tenemos.
Chiclayo, lunes 12 de enero. 2:30 PM. El bibliotecario Nolberto Contreras disfruta de una siesta después de almorzar, pero es interrumpido por el ruido estruendoso del teléfono. Todavía un poco somnoliento contesta.-¡Aló?
-Hola. ¿Sr. Nolberto?
-Sí, él habla. ¿Con quién tengo el gusto?
-Oiga, ¿usted quiere a su familia?
-¿Perdón?
-Si quieres a tu familia concha tu madre.
-Bueno, sí… aunque, digamos, en mi familia somos tantos.
-¿Eso qué significa?
-¿A usted qué le importa, quién es usted?
-No te me pongas malcriado que tu familia puede pagar muy caro…
-¿Es usted de algún banco?
-No, cojudo, soy un extorsionador y si no me das 30 mil soles hoy día, tus hijos y tus padres van a pagar muy caro por sus vidas. ¿Me entiendes, no?
-O sea, ¿si yo no pago ellos pagarán? Pero si están peor que yo. No tienen dinero, menos mis padres. Usted sabe, los jubilados y la 19990, como que no les favorece, no hay justicia para los que trabajaron muy duro para…
-¡No idiota!, si no pagas, ellos pueden sufrir un accidente.
-Ah, ¿es usted vidente o algo así?
-Oe, ¿te haces el tarado? ¡No juegues conmigo!
-Es que usted no habla claro, señor extorsionador.
-Mira, empecemos de nuevo.
-O sea, ¿volverá a llamar?
-¡No carajo! Vamos por partes. Para empezar, ¿hay otra persona por ahí que pueda contestar el teléfono?
-No. Aunque a mi perro le he estado enseñando a ladrar en el auricular, usted sabe, por eso de las emergencias. ¿Ha visto Animal Planet? Pues debe verlo, hay perros que salvan vidas y este ha aprendido algo. ¿Quiere oírlo?
-No, no me interesa tu maldito perro. Te lo repito de nuevo y más claro: si no me entregas los 30 mil soles que te pido, hoy mismo, yo y mis amigos le haremos daño a tu familia y también a tu maldito y entrenado perro.
-¿Y por qué a mí no?
-Porque no nos da la gana imbécil. Además, si te hacemos daño, ¿a quién le cobramos?
Pequeño silencio de 5 segundos y 3 milésimas. Afuera un perro ladra, suena un claxon, un aprista roba. El extorsionador hace un gesto y se mira en el espejo y piensa: “Carajo, los extorsionados ya no son los de antes”. Entonces Nolberto continúa:
-Bueno, creo que ya entendí, pero que hay un pequeño detalle.
-¿Cuál?, no me digas que no tienes el dinero, porque de ser así, tu familia…
-No, sí tengo el dinero, pero son para otros extorsionadores. Mire usted, la semana pasada llamaron la banda de los ‘40 Malos’ y dijeron que ya estábamos matriculados con ellos. Es más, no me dieron un día, como usted, sino una semana. Al menos alcanzó para juntar.
-¿Los '40 Malos’? Pero si les dije que este era mi territorio.
-Bueno, señor extorsionador. No se ofenda, pero ellos me trataron mejor y además me prometieron cuidarme de otras bandas de extorsionadores. ¿A qué banda pertenece usted?
-¡Eso a ti no te interesa!
-No sí me interesa, porque el de los ’40 Malos’ criticaban a otras bandas y les pusieron apelativos muy chistosos. Jejeje.
-¿Ah, sí? ¿Qué dicen?
-Bueno de los ‘Buldog’ dicen que más parecen ‘chanchos cachetones’, porque todos ya están pasados de colesterol. De 'Los Tigres’ dicen que son unas gatitas en celo. De los de la ‘Jauría’ de Leoncio Prado, dicen que son una sarta de locas y que prostituyen a sus esposas. Y así. Por eso, le preguntaba a qué banda pertenece usted.
-Así que gatitas, ¿no? Ya se jodieron.
-Pero señor, no le vaya a decir que yo les dije, ¿ok?
-…
-¿Aló, aló?
Se oye que cuelgan el teléfono.
Al día siguiente:
-¿Aló?
-Aló, ¿señor Nolberto?
-Sí, él habla, ¿en qué lo puedo ayudar?
-Soy de la banda de los ’40 Malos’, ¿ha escuchado de nosotros? Pues le traigo noticias. Si usted hoy no me da 25 mil soles, mataré a un familiar suyo.
-¿Extorsionador? No gracias, ya tenemos.
-¿Cómo dice?
-Sí, ayer me llamaron 'Los Tigres’ y me dijeron que yo pertenezco a su territorio.
-¿Eso dijeron?
-Sí, y además que los ’40 Malos’ se ponen en 4, cuarenta veces, y son malos, pero para disparar.
-O sea que 'Los Tigres’ quieren guerra…
-Bueno señor, no les vaya a decir que yo les dije, por favor…
-…
-¿Aló, aló?
Al día siguiente, en el quiosco de periódicos.
Chiclayo se tiñe de sangre
MUEREN 24 EN TERRIBLE BALACERA
Delincuentes se enfrentan por territorio y termina en masacre que conmociona a ‘La ciudad de la amistad’. Banda denominada ‘Los Tigres’ y ‘Los 40 Malos’ se disputaban una esquina comercial, extorsionado a los empresarios de la zona. Policía no descarta lío de faldas, porque según los vecinos, los delincuentes mencionaban constantemente nombres de mujeres.
Más información, mañana, con espectaculares imágenes de los cadáveres en plena avenida Leoncio Prado.
Golpe de suerte
BIBLIOTECARIO CHICLAYANO GANA LA TINKA
El ciudadano Nolberto Contreras de 48 años, gana el premio mayor de la Tinka. Un chiclayano más se pone a la altura de los más prominentes millonarios del país.
30 mar 2010
Melena de león
Los leones son animales salvajes provenientes del África, de Asia y de uno que otro zoológico que cría leones en cautiverio. Se les llama también el “Rey de la Selva” por su fuerza, temor y respeto que inspiran entre los demás animales. Pero hay algo que no saben muchos naturalistas como Edward Lock, ni mucho menos los reporteros de Animal Planet. Se trata del origen de la melena de estos animales de garras y mandíbulas poderosas.En los años 60, cuando EE.UU. invadía Vietnam, surgió una corriente de pensamiento juvenil que proclamaba la paz, el amor a la naturaleza y al amor al prójimo. Se trataba del movimiento Hippie. Los hippies eran jóvenes inspirados, en su mayoría, por el pensamiento oriental, el budismo, el induismo y una que otra obra literaria escrita por el autor del momento: Tomas Mann. Así, muchos jóvenes salían a protestar contra la guerra y proclamaban el amor, la paz, la hermandad. Una de sus frases conocidas fue: “Haz el amor y no la guerra”.
Por aquel entonces, las películas de Tarzán ya habían pasado de moda. Pero las personas todavía llegaban al África en busca de aventuras y contacto con la naturaleza exótica. Entre aquellos turistas había muchos hippies, hijos de ricos, que llevaron esa moda por allá. Así que los leones se interesaron. Adoptaron ciertas costumbres. Algunos ya no mataban cebras ni antílopes, y preferían comer algunas frutas caídas. En casos extremos, solo comían los restos de animales muertos por otros animales, como el tigre. Así, muchos leones jóvenes se unieron a esta corriente y se dejaron crecer las melenas. Además adoptaban algunas poses, se adornaban con cintas y hacían el amor con unas leonas más que dispuestas por el buen genio que habían adoptado la nueva generación de leones.
Hasta que vino la depresión. Una sequía interrumpió esa época de paz. Los prados y valles se secaron. El Serengueti lucía con un parecido al del Sahara. Las frutas ya no caían y el agua escaseaba. Debido a esta crisis, los leones viejos retomaron el control de las manadas y golpearon a los leones hippies, quienes andaban echados, diciendo que esa crisis era el deseo de la naturaleza y que se debían resignar a los designios de la madre tierra. Pero los viejos se enojaron aún más y atacaron a los principales hippies. Les quitaron las ropas regaladas por los turistas ingleses, y hasta echaron a muchos de la manada.
Los viejos reconstruyeron otra vez la sociedad de leones, añorada en silencio por algunas leonas ortodoxas. Y empezaron otra vez con la caza de cebras y antílopes; recorrieron noche y día para comer y mataron a mansalva. En el transcurso del camino hallaron a los leones jóvenes, muertos, flacos, por inanición. Lo curioso para todos los leones de la manada, fue ver un rostro sereno en cada león joven que había adoptado ese pensamiento.
-Serán enterrados –dijo uno de los leones viejos-. Aunque tenían buenas intenciones, debemos darnos cuenta de que la naturaleza también es no morirnos sino hacer lo posible para sobrevivir. Y si nos han dado estas garras y dientes para comer, las usaremos.
Uno de los leones jóvenes que habían sido reprimidos, dijo:
-Pero, ¿podemos conservar al menos las melenas?
-No queda mal, ¿no? -dijo el león más viejo, mientras se desataba una cola de cabello y se peinaba con la dirección del viento.
A los pocos años, el movimiento hippie fue derrotado en el mundo, como era previsto (como decía Marx en su postulado sobre las tesis y antítesis), por otra corriente. Se trató del movimiento glam, amariconado y escandaloso de algunos rockeros que proclamaban la desobediencia y el alpinchismo. Eso, sumado a que EE.UU. inventó en los laboratorios, una poderosa enfermedad infalible para matar hippies promiscuos. Desde entonces todo es paz y armonía en el mundo. Y los leones bien ahí con su melena.
23 mar 2010
Cinco
Las condiciones son estas:
Tú vives, yo te amo.
No te pido más.
Ah, no hagas ruido al sorber la sopa.
¿Sabías que así empezó una guerra por el Mediterráneo?
II
Mi concepto del amor:
"Llega temprano a la cita
para no esperarte en medio de la calle
intentando pintar una cebra gorda
a punto de comerse el color ámbar del semáforo".
III
Pienso:
"La noche existe, solo si se declara incapaz o culpable de algo
relacionado contigo y tu manera de no estar presente
cuando me digo que es el último cigarro y el último respiro
al asfalto, a la luz, a la sombra que parece traerte".
IV
Estas son otras condiciones:
"Si quieres que te ame como no tienes idea
tráeme la cabeza de Kant sobre una batea de Ariel
y haz que dos palabras dancen
al ritmo de las hojas secas.
(De sauce si se puede)
No te pido más.
Ah, no hagas ruido cuando calles.
¿Sabías que así empezaron las contrarrevoluciones en las plazas?".
V
Martes.
22 mar 2010
Mi ángel guardián
Mi ángel guardián fuma. Se toma unos traguitos con otros ángeles guardianes en el centro de Lima y llega tarde a casa, llega por el tragaluz y a veces hace mucho ruido. La vez pasada lo sorprendí atascado entre las púas de la pared trasera, había escalado un poste. “¿No pudiste volar?”, le pregunté. “¿Acaso tú manejas borracho?”, me replicó de inmediato y se fue a dormir en el segundo nivel de mi camarote.A veces pienso decirle que no necesito de sus servicios, que es en vano, que nunca está conmigo. Pero pienso en mí mismo y recuerdo cuando andaba desempleado. No le deseo lo mismo. ¿Qué haría un ángel guardián desempleado? Nada. Quizás andaría buscando algún trabajo de mensajero, tal vez se dedicaría a eso de la publicidad y volaría llevando carteles como lo hacen ahora las avionetas. Pero no, no le deseo eso.
Lo recuerdo cómo era antes. Bien apegado a su trabajo. Andaba defendiéndome de los grandulones, les decía que yo era inteligente y que si no me golpeaban les enseñaría en los exámenes. “Chócala entonces”, le decían los grandulones y yo, normal, ni sí, ni no. Siempre terminaba primero mi examen y lo dejaba circular por toda la clase, hasta que regresaba a mis manos y extrañamente no todos sacaban la misma nota. Pero la mía era la mayor. Mi ángel, entonces, me guiñaba el ojo, como si hubiese interferido en algo.
Cuando hacía deportes, mi ángel guardián (asignado por la Confederación de Ángeles para Sudamérica, durante las épocas de violencia interna) llevaba una serie de medicamentos sin etiqueta, todos eran líquidos transparentes. Solo las rociaba hacia mis heridas o dolores y hacía que se confundieran con mi sudoración, como para que nadie se entere que tenía una ayuda extra. Así, llegué a no tenerle miedo a los choques, caídas, cabezazos y demás celadas de cualquier deporte. Salvo el ajedrez.
Con el ajedrez, mi ángel se dormía. A veces sospecho que mi apegado vicio por aquel tablero, hizo que mi ángel descuidara su labor. Cabeceaba el aire, estiraba su cuerpo, se desperezaba cual nube nimba y pestañaba pesadamente. Era evidente que se aburría. Incluso nunca quiso aprender a jugar. Así fue hasta que el dije que, si quería, se fuera a dar una vuelta por ahí.
Entonces, cada noche, me batía sangrientamente con mis hermanos en duelos que duraban incluso toda la noche. Mi ángel llegaba cada vez más tarde. Ganaba, perdía, empataba y mi ángel a veces llegaba de amanecida, al principio no noté que llegaba ebrio; pero luego, al expeler humo de cigarro y cerveza en cada aleteo, pensé que era inevitable, normal, común. Además era mayor que yo y se merecía una que otra distracción.
Ahora pienso en que debí decirle algo. Quizás conversar con él. Decirle que el trago no conduce a nada, o conduce a todo, o conduce a todo que finalmente termina en nada. No sé. ¿Quién era yo para dar consejos a un ser asignado por la Confederación de Ángeles para Sudamérica? Además, la violencia interna ya no estaba plagada de atentados o muertos, o secuestrados por el gobierno. Como que tenía un escudo poderoso ante ningún ataque. Un paraguas ante nada de lluvia. Mucho parlante para ninguna pollada.
Y así, llegaba cada vez más tarde, más borracho y más silencioso. Más hedor. Más incomunicación. Hedor. Silencio. Sus alas, a veces mojadas, por lo que tenía que escalar el poste de la vereda y saltar los alambres de púas. Además ya no me acompañaba a los paraderos, ni al mercado, ni a comprar el pan en la esquina. Ahí estaba entonces, un ángel perdido en sí mismo.
Llegué a prestarle algunos libros. Quizás andaba enamorado. Le presté todo Flaubert, luego todo Sartre, todo Vargas Llosa, luego todo Bolaño, todo Bryce, todo Borges (con este último se llevaba muy bien). Pero creo que no fue para bien. Conoció a otros ángeles (tal vez iguales y con los mismos problemas) en el centro de Lima, me dijeron que empezó a fumar marihuana, que se subía sobre las mesas a predicar sobre la poesía de los 50, que maldecía a la generación del 2000 y que aducía que pronto regresarían las épocas revolucionarias y todo ello empezaría con la literatura. Hasta que sus otros amigos ángeles (quienes trabajaban custodiando a comerciantes que viajaban constantemente en ómnibus) lo llevaban en hombros, volando sobre Lima, chocando con uno y otro edificio.
Una vez, me contó uno de esos ángeles, que tal fue la borrachera de una noche que después de orinar sobre el ángel de la pileta de la Plaza Mayor, y ser perseguido por una horda de veinte agentes de serenazgo de Lima, terminaron sobre la azotea del hotel Crillón y entonces mi ángel guardián despotricó contra mí, y contra todos los “protegidos”, que qué nos creíamos, que por qué debían cuidarnos, que por qué no tenían propia vida, y demás reclamos que hicieron pensar a más de un ángel. Esa noche se quedaron dormidos y despertaron porque un par de gallinazos los orinaron desde las alturas, riéndose de tal hazaña. Fue el día en que llegó y tocó con fuerza la puerta. Al abrirle entró casi a empujones sin saludar siquiera y subió a mi habitación. Por el mal olor, yo preferí dormir en la sala.
Desde aquel día, he pensado en que mi ángel debe hacer lo que quiera. No sé. Si le digo algo será algo así como: “Puedes hacer lo que quieras, venir cuando quieras y no le diré a nadie de tus superiores. Más bien, ¿dime qué les digo si es que vienen a buscarte?”. Supongo que entenderá mi posición y se dedicará más tiempo a liberar a todos los ángeles guardianes de la tierra… bueno, aunque sea a los ángeles de Lima… aunque sea a los ángeles asignados por la Confederación de Ángeles para Sudamérica en épocas de violencia. Total, ya no había violencia y todos se merecían tomar algunos tragos con sus amigos en el centro de Lima.
15 mar 2010
Cansado
Hay días en que uno se siente verdaderamente agotado, como si hubiese cargado el día anterior el planeta sobre el hombro derecho. Mejor, como si hubiese cargado a Atlas mientras cargaba el planeta, después de cambiar el hombro izquierdo por el derecho, y es más: después de cargar el planeta, hacer la luz y no descansar los siete días, cómo sí lo hizo Dios, ya que él sí estaba en planilla y gozaba de esos beneficios divinos.Hoy es uno de esos días, en los que por culpa de ese cansancio piensas en que si vale la pena vivir, o desvivir, o hacer hora, o vivir para imaginar que vives, o imaginar que importas o imaginar que le importas a alguien, o imaginar que de verdad esta cosa que tenemos y que nos mueve de verdad es importante dentro del infinito que sigue su curso lento, hacia un hoyo negro.
No sé. Quizás es solo lunes, aquel día que Garfield odiaba, también aquel día que odiaba una niña estadounidense, aquella adolescente que mató a varios niños con su escopeta cual si fueren patos o venados... y solo porque era lunes y porque no le gustaban los lunes (I dont like mondays). Quizás es solo lunes y no sería poco. Quizás porque mañana es martes y eso es peor, ya que sabremos que pronto vendrá otro lunes, o peor aún, será domingo y querremos que nunca termine, sabiendo angustiosamente que terminará y será otra vez lunes, otra vez todo insignificante y otra vez buscaremos el arma para matar patos bajo el universo infinito en que vivimos, porque amanecimos cansados, odiando a todo el mundo, odiando a sí mismo, a todos, a la escritura.
Bueno, ya será martes. Quizás la esperanza que queda a veces es pensar que moriremos, quizás no. Quizás ya pasará, el amor hace olvidar, la preocupación hace olvidar, una llamada de mamá también hace olvidar, la nostalgia también hace olvidar, el deporte también, todo eso distrae... pero carajo, será lunes otra vez y otra vez el inicio de esta mierda de semana que me pudre, que me mata uña por uña, que me jala los cabellos con un viejo peine, que no me deja dormir, que me hace extrañar, que me hace desear el regreso a la niñez, cuando mi única preocupación y angustia se resumía en un sábado cualquiera, cuando me ordenaban limpiar mi dormitorio. Entonces solo por eso odiaba a mi madre, y querría el suicidio, para no darle gusto a nadie, carajo, a nadie. Ya es tarde. Quizás ya es martes. Debo ir a descansar, o a morir, bueno, digamos, un ensayo de muerte, pero un poco más cómodo y con el despertador al lado.
28 feb 2010
¿Por qué no consigo trabajo?
Vacaciones. Terminé la universidad, tengo una profesión, soy joven y además hasta dicen que tengo buena pinta. Listo para el éxito. Pero no consigo trabajo. Debo confesar que nunca me ha gustado la idea de trabajar, y mucho menos la idea de buscar trabajo, que son dos cosas distintas. Digamos que estoy en esa fastidiosa tarea de buscar laburo (como dicen los argentinos) y la verdad ha sido angustiante. Tanto que me cuesta dormir y tanto que me ha forzado a pensar seriamente en estudiar sicología, con miras a poner mi propio consultorio o quedarme internado en algún sanatorio de prácticas preprofesionales. O estudiar filosofía, para ayudarme con esto de engañar a mi conciencia para definir de alguna forma la vida, para que se no se haga tan deprimente o triste cuando apenas cruzo el marco de mi puerta que da a la calle.Como decía, no me gusta buscar trabajo. Desde hacer colas para dejar el currículo, llevar el terno puesto en el verano, llevar unos putos zapatos apretados, ir afeitado y peinado, comportarme de cierta manera… es decir, toda una parafernalia hipócrita y todos saben eso, desde quien va a entrevistarte, y gana el más hipócrita, o el más sincero, depende de qué huevón estén buscando para explotar.
Luego de la entrega de CV está la espera de la llamada ganadora. Por su puesto, por salud mental, uno tiene que pensar que nunca lo llamarán, sino te vuelves esquizofrénico y crees que justo cuando saliste a comprar el pan, te llamaron para el trabajo pero no estabas y piña, escogieron al otro que estaba a tu lado, ese cojudo que te sacaba en cara que había estudiado en la universidad más cara del país. Bueno, hay que seguir intentando, te dices y te tragas el pan caliente, contrayendo una hinchazón estomacal que no pasa con anís.
Luego te llaman de verdad, es para una entrevista personal, que incluirá examen sicotécnico y sicológico. Te preguntas entonces qué mierda es eso, pero tratas de no decir “mierda”, como para acostumbrarte a responder de buenas maneras cuando te preguntan estupideces como: “¿Cuáles son tus virtudes y tus defectos?”.
Llegas entonces, después de preguntar a todo el mundo por tal calle de nombre extranjero que no sabes pronunciar (por eso nadie sabía). Te piden identificación, es un 5to piso. Un ascensor moderno, las cosas van bien; te recibe una señorita guapa, mucho mejor; el pantalón de la señorita de recepción está tan apretado que no puedes despegar la vista, todo está yendo de maravillas; hasta que llegas, ves a dos señores de 40 años, bien enternados (¿¿¿pero si es verano???). Entonces te dices mentalmente que ya perdiste la primera parte, la primera puta impresión, tu camisita a cuadros de Gamarra y tus zapatos de gamuza a nadie sorprenden. Quieres escapar por la ventana, pero recuerdas el piso en que estás. Habrá que esperar.
Te hacen pasar a una sala. Son 8 en total, dos de ellas mujeres de unos 30 años, carajo, todos son mayores que tú. Les dan un cuestionario de 5 hojas, todas con preguntas como “¿qué figura sigue?”, “¿qué número continúa?”, etc. Todo te resulta sencillo, pero decides ver a tus costados, la gente suda, las chicas tienen los ojos más abiertos que las propias ventanas, y los señores no dejan de agarrarse la frente, en fin, ganará el más fuerte, el más joven, el más ágil, el rey del recurseo.
Pasas, o crees pasar la primera prueba escrita. Ahora, la señorita de pantalón de sastre bien apretado regresa después de media hora y trae consigo hojas en blanco, papel bulky, te dan además un lápiz. Entonces llega lo peor, hojas en blanco, horror al vacío, cultura Nazca, claustrofobia, hace calor, ¿qué hago aquí?, ¿por qué el Papa viste tan caro?, ¿por qué votaron por Alan?, ¿realmente le gana Terminador a Alien? “Señores tienen que dibujar a una persona bajo la lluvia”, escuchas entonces en tono cortés.
Tengo la hoja en blanco, ¿un hombre bajo la lluvia? ¡Indios norteamericanos invocando la lluvia! De inmediato, por supuesto, pienso en Gene Kelly, en Cantando bajo la lluvia. Dibujo lo que sale, alguien parecido a mí, me sale sonrisa retorcida, intento que sus manos se vean alegres, dibujo un suelo y una vereda, me animo a dibujar una casa, otra más, una calle entera, llueve, una nube al fondo, una pareja por atrás protegida por un paraguas, un auto antiguo, las casas tienen ventanas iluminadas y yo ahí, dibujado, mismo Gene Kelly y hasta que se cumple la hora. La señorita avanza hacia nosotros. Veo el dibujo, solo he conseguido un feo retrato mío, con mi propia ropa y mis manos cruzadas, la lluvia es un conjunto de rayas, nada más. Me quitan el papel. Nos dicen que llamarán. Yo esbozo una sonrisa a la de pantalón apretado.
Quizás debo revisar los test sicológicos, quizás debo usar el internet en beneficio propio, quizás el Papa quiere impresionar, quizás debo asaltar Mega Plaza con fusiles AKM, granadas tipo piña y tipo papaya. Por su puesto, pasan dos semanas y no me han llamado. Gene Kelly me ha defraudado. (Felipe R.)
4 feb 2010
Jack el destornillador (inconcluso)
…entonces miró la muñeca grande de su hermana que tenía engranajes de tornillo. Sacó la caja de herramientas y encontró el destornillador estrella que vio usar a su padre. Así, utilizó la misma técnica de su padre y sacó en el acto los tornillos que unían las extremidades de la muñeca. Desde ese memorable momento supo que se convertiría en Jack el destornillador.
Su hermana buscaría pronto la muñeca. Él la escondió encima del ropero para que su hermana de 4 años no pudiera encontrarla, debido a su apenas un metro de estatura. Entonces, de seguro, si es que no se equivocaba, su hermana pondría un anuncio en el periódico que prometía una jugosa recompensa para quien encontrara a su muñeca Martina. Si tal aviso no funcionase, recurriría a la prensa y luego la policía se ocuparía del caso y Jack no tendría más remedio que esconder a la muñeca bajo la tierra del jardín. Sin embargo, mientras la policía no daba con él, con el destornillador, tendría la libertad y licencia para destornillar a otras víctimas. Entre ellas estaba la muñeca de su prima Mirtha, la radio vieja de su padre y un andamio que antes estaba en la cocina, pero ahora reposaba solitario en el patio de juegos.
Jack se apoderó del destornillador. Su padre anduvo buscando esa herramienta para instalar algún interruptor de electricidad para el dormitorio que ocuparía la abuela que pronto llegaría, pero Jack negó todo, su determinación fue incólume y ni siquiera una tortura de amenazas y promesas de, por ejemplo, prohibiciones de salida por meses enteros, hubiesen funcionado (Su padre sólo le preguntó si había visto tal herramienta y Jack dijo simplemente: “No”).
Era definitiva su decisión. Ese destornillador sería suyo, ya estaba seguro de que era una extensión de sus manos, de sus extremidades superiores… y de repente se imaginó a la muñeca, fue a sacarla del ropero y la enterró en la tarde cuando sus padres aún no llegan de trabajar y su hermana sale a comprar el pan con la empleada del hogar.
Fue un acto inmediato. No debía haber huellas, y eso lo hacía más difícil, pero no imposible. Apenas la empleada cerró la puerta, Jack fue a su dormitorio, sacó la muñeca y la dirigió al jardín. Ya tenía un hoyo preparado. Había cavado mientras jugaba con sus carritos que raras veces tocaba. Para que nadie se diera cuenta, tapó el hoyo con un viejo tapete que decía bienvenidos. Así, sacó dicho viejo telar que su padre decía había traído de la primera casa en Monterrico. Cuando vio el hoyo listo y hambriento tiró a la muñeca dentro de él. Claro, primero tiró el torso, luego las piernas y finalmente los brazos. Fue rápido. La panadería estaba solo en la esquina. Cubrió todo con la misma tierra extraída y la sobrando la esparció al pie del viejo pino. Luego extrajo un poco de césped del jardín, cubrió el cuadrante que había dejado el hoyo con la hierba y todo se veía como si nadie hubiera pasado por ahí. Nadie se enteraría en cien años, nadie, nadie y el tapete de bienvenidos le decía a Jack que se había ingresado al mundo prohibido de lo incorrecto, del crimen, del destornillamiento a tornillo frío.
Cuando la empleada llegó, encontró a Jack frente al televisor de la sala. Sus diez años, su cabello castaño, su carita graciosa, sus buenas notas en el colegio y su calmado carácter lo hacían el hijo perfecto, el perfecto niño de barrio, el niño que todos quieren tener. Así, la empleada lo miró conmovida, se le acercó y no pudo soportar darle un beso en la mejilla. Jack a su vez la miró sonriente, enamorándola en el acto. Su hermanita, en cambio, miró extrañada la escena y de inmediato fue a ver si el teléfono tenía algún mensaje que traiga buenas nuevas respecto a la desaparición de Martina. Por supuesto, no encontró nada. Jack entonces puso el canal 79, estaban pasando El Padrino de Puzzo.
13 ene 2010
Una mujer loca

Una mujer loca, con alas sucias
y desvestida de un sueño profundo
se quita del rostro el cartesiano presente
(arrancándoselo con uñas largas y pintadas de negro)
para cantar eufórica que la vida nunca podrá matarla.
Se va en sí misma
-como la poeta que lloró hasta romperse-
se toma la tristeza en sorbos de vino azul
y con las uñas rae el silencio que la encierra.
Llora, grita, pero está sola.
En una celda de recuerdos movedizos
en una celda y sola. Grita. Se destruye
respira solo por los orificios de una angustia de 20x20
(una zaranda templada con una piel de 21 años)
Una mujer loca, de cuerpo amanecido
Se va dejando llevar y caer por la sonrisa que no hace
Y queda dormida encerrada en una barca en el desierto
en una banca de parque, en el cuaderno donde se halló dibujada alguna vez.
Mis enemigos

Mi enemigo es el mar. Mi enemigo es el presente cartesiano de dos paralelas que se juntan debajo de mi cama. Mi enemigo es el sueño prohibido de pensar en ser, sin haber llegado a tiempo siquiera. Mi enemigo es el cielo, con todas sus estrellas y lamentaciones de gente que cree encontrar algo de consuelo en lo eteriano. Mi enemigo es un viejo puente que dibujo por no romperme los brazos con tanto pasado que me apilan los estivales martes de los océanos en curso y de rumbo definido. Mi enemigo es el amor, el odio, el cerebro que ha desarrollado la habilidad de aparecer un elefante adicto a los perfumes que aspira de las nucas durante los semáforos en rojo. Mi enemigo es el nudo de corbata que mi faringe viste mientras camino a decirle a la fuerza centrípeta de mi estómago que todo ha pasado y debemos olvidarlo pronto.
Mis enemigos, todos envilecidos por el falso rastro que deja un aliento tibio cuando me detengo en medio de la carrera de hormiga, en aquella farsa vestida de cemento y ventanas ennegrecidas. (Hoy es lunes, siempre es lunes… los vientos corren desganados.)
Mi enemigo es este sillón, el estado de vivir sin tener que pensar en si vale la pena ver detenidamente, desde la profundidad de un tragaluz, la caída de una pluma que nunca llega a su destino. Mi enemigo es este momento, este párrafo, estos pies, este conglomerado de seres del sexo masculino que vestidos de romanos me segregan hasta ser parte de una especie que acostumbra a salir de su casa para existir, aunque nadie pueda (quiera) verlo.
Invitación
Intento matarme, como saben los que ven un pozo vacío en mi sonrisa:acabar con aquello que los cobardes suelen llamar vida.
He pensado, incluso, invitar a todos al final de esta comedia donde yo abro los ojos
(para ya no tener la mala costumbre de pensar en qué haré ahora, al despertar,
o después de que una mujer me diga que sí)
y el resto se traslada libre a capricho de Newton.
VENGAN TODOS A LA FECHA CONMEMORATIVA.
No le hallo diferencia entre cumpleaños o día del padre
Navidad, aniversario amoroso, conmemoración de héroe patriótico.
He pensado en matarme o dejar que me maten
porque soy un cobarde a fin de cuentas.
TOTAL, LA MUERTE ES YA NO DESPERTARSE TEMPRANO.
Pensé acabar tirándome al vacío, no, al asfalto. Quizás hoy mismo.
He pensado dejarme caer de la cama
sobre un desfile de cuchillos afilados el día anterior
listos para perforar faquires de siete vidas con toallas sucias en la cabeza mojada.
También atándome sobre la cabeza una bolsa de plástico
y esposarme las manos a mi propia cama.
TOTAL, LA MUERTE ES YA NO HACER COLA PARA PAGAR LA LUZ Y EL TELÉFONO.
Tal vez con un disparo, dejando al alcance un libro
de Arguedas y un cuento de Quiroga
o mejor ahorcándome con una corbata fea, o mi correa de cuero negro
(dejando al lado un libro de autoayuda).
¡Amarrado sobre el dintel de mi puerta, aunque no tenga dintel!
TOTAL, MORIR ES YA NO VIAJAR APRETADO EN UN BUS
POR 80 MINUTOS.
Pero ella… la vida gime encima de mi cuerpo
grita que le diga porquería, por favor
que camine sobre ella, que le ladre ¡¡prostituta!!
La vida me hace fumar el último cigarrillo todos los días
y pasa su revólver de metal helado sobre un cuerpo desnudo
que por no tener un feo lunar, no es mío.
Y entonces apunta sobre mi cara, se burla de mi nariz
me concede el último deseo, yo le digo otro cigarrillo y me lo da
luego me conduce al patíbulo-mi-cuarto
y se le ocurre que mejor me mata mañana como queriendo matarme de miedo
o de cansancio. Espero entonces, sobre la cama, buscando un amanecer
despejado y con ganas de amar a una mujer de pelo castaño para tener doce años.
Y LA MUERTE, PIENSO, UN ESTADO EN LA QUE YA NO TE SUDAN LAS MANOS.
20 dic 2009
Yo no sé llorar

Yo no lloro porque no tengo la pericia requerida.
Dice mi abuelo que se debe medir el viento
tener un informe detallado del Senhami
cargarse con todos los muertos de la conquista española sobre el hombro derecho
e imaginarse a Vallejo cambiando dólares entre dos jirones.
Yo no lloro porque ya todos los días llueve.
Mi madre sí sabía llorar en los momentos que requiere la Constitución
lo hacía cuando sus 40 hijos se casaban con mujeres que lloraban ilegalmente
y mi padre, su esposo que nunca lloró, asumía que ya era hora de vivir bajo la cama
porque Kafka le había dicho que los hombres de tanto trabajar
se convierten en seres humanos.
Yo no lloro porque no tengo talento para ello.
Hay que inclinar el cuerpo hacia un ángulo específico
hay que tener la piel bien afilada
y tiempo guardado, por si acaso, en la billetera.
Las palmas deben hacer las veces de fuerza centrífuga para contrarrestar
las inclemencias gravitacionales.
Yo no sé llorar, pero no importa.
Río primero, hago las veces de madre
imagino a Vallejo esperando una carta de su burro peruano del Perú
me dejo caer en la vereda por el peso de mis dos hombros
y tiro deshojado en las avenidas verdes la Constitución Nacional de los Sueños Quebrados.
El resto lo hacen mis propios ojos.
Al final no lloro, ¿para qué?, si ya está lloviendo.
12 dic 2009
Noelia está feliz y llora

Noelia sonríe.
puede levantarse si quiere con cualquiera de los pies
-arácnidamente desnuda-
y ser bañada con la primera manifestación de mar ondulado,
aliento que muere a la orilla de un catre firme durante todas las horas de la noche.
Noelia llora y ríe.
Aunque escucha Sex Pistols,
quien todavía duerme a su lado se queja entre sueños
de una ventana semiabierta
y vuelca la almohada sobre su cabeza. Noelia lo mira y llora, pero ríe.
Es un día martes 29 de algún mes de verano.
Noelia mira el cielo y nota un amarillo intenso que le recuerda
una tarde de algún fin del mundo que no recuerda.
Se sienta al filo de la cama, toca la arena con la punta de un pie
y se arregla el cabello mientras espera abrir los ojos completamente.
Se oye un horizonte de gaviotas meditabundas, aguas adentro el pataleo de un remo
y los cabellos de Noelia que sirven al aire como pentagrama.
El hombre Sex Pistols resuella bajo la almohada y se cubre todavía la espalda.
Susurra tener frío y Noelia sonríe. Una nube pasea cercana y se despereza amarilla sobre la mirada de Noelia, suena un violín… y la materia blanca espumosa imita una forma mientras ella reconoce un nombre.
Noelia baja de la cama, camina mar adentro, las aguas se abren, suena Karma Police,
el horizonte se torna curvilíneo y el eco de un remo enredan los sonidos que oye Noelia y se deja llamar. Los cabellos que cubren sus senos, flotan dentro de un acuario.
El que duerme retira la almohada de su cabeza.
Sin abrir los ojos pregunta qué hora es
y él mismo se responde. Noelia ríe y cae, y llora.
Él mantiene todavía en su cabeza una tonada de Sex Pistols,
baja de la cama y cierra la ventana. Mira el despertador a cuerda.
–Maldito día, lunes –se dice–, tengo que trabajar.
21 nov 2009
Callada (inconcluso)

Ella decía siempre lo que pensaba. No a manera de decir las cosas sinceramente, o de expresarse con total libertad sin importar lo que pensaran los demás, sino, siempre decía lo que pensaba porque había contraído aquel inexplicable mal de no poder callar nunca.
Por supuesto, prefería vivir alejada. A sus 24 años, había adquirido algunas experiencias imborrables, se había enamorado, guardaba ciertos rencores y poseía sueños que esperaba algún día realizar. Todo ello era evocado a cada momento, era una constante como en cualquier ser humano, una repetición diaria que nos hace saber quiénes somos, qué queremos y qué haremos. Pero ella no podía guardar todas aquellas evocaciones en el silencio de su mente, por decirlo de alguna manera, sino que hablaba, expresaba todo ello con una naturalidad que preocupaba a los que la rodeaban.
A sus padres y hermanos les costó mucho reconocer que Isabel no estaba jugando una mala broma. Era sencillo lo que le pasaba, teniendo en cuenta que un tío abuelo había sufrido de lo mismo. Aunque este tío, ex soldado de la guerra del 41, evocaba recuerdos crudos de las incidencias de una batalla sangrienta, por lo cual muchos pensaban que los traumas propios de la guerra lo habían enloquecido. Pero no era eso, él desde siempre fue un hombre callado, por lo que su mente siempre estuvo elaborando una compleja red de pensamientos que no necesariamente guardaban relación, como los recuerdos espontáneos, los que llegan cuando oyes, miras o tocas algo. Y hablaba, alguna parte de su cerebro se había quebrado, o duplicado, algo que le hacía hablar sin medida, sin moderación, deteniéndose solo cuando comía o mascaba algún objeto.
Lo mismo le pasaba a Isabel que hablaba sin cesar. Empezó hablando dormida. Continuó despertándose por sus propias palabras. Llegó a sufrir ininterrumpidos días sin dormir y hasta llegó a tener principios de gastritis por tanta pastilla antes de acostarse. Entonces empezó a despertar hablando, caminar hablando y hablaba en la ducha. Dejó de ir a la universidad, dejó de comer con los demás porque la última vez dijo palabras ofensivas contra su padre, por algunos recuerdos de años atrás, cuando éste golpeaba a su madre. Criticó la comida, a su hermano, además hablaba de encuentros sexuales, en contra de Cristo, en contra de la educación, siempre con palabras soeces. “No sabía que pensabas eso, ni que te expresaras con esas feas palabras”, alcanzó a decir su madre. El padre de Isabel comprendió al poco tiempo. Sin duda era el mal que había heredado la familia... (inconcluso)
17 nov 2009
Tres sueños

Primer sueño:
1569 mujeres lloran en el cielo
mientras Lima desaparece cuando
una bella mujer de grandes ojos
duerme la siesta después de darse cuenta
de que vive solo porque lo sabe.
Segundo sueño:
una fotografía vieja de una mujer con sombrero de paja
hace llorar a gritos a Neruda
mientras un obeso barbero le corta el cuello.
Desde la ventana Vallejo sonríe como nunca lo vimos
porque los fotógrafos lo agarraban a palos
y también con una soga
sobre los huesos húmeros que solía colocarse.
Tercer sueño:
En casa, Borges habla del color amarillo.
Miro entre sus manos un reloj de agua que alcanzo robarle
pero me grita que no podré huir de aquel laberinto
y que el Minotauro era y es él
pero llego a la puerta y salgo a la calle.
Pienso: Borges no puede leer el letrero de salida.
13 nov 2009
Después de la tormenta viene la calma

Después de la tormenta viene la calma. Pero todo queda mojado, el wáter atorado, los techos de calamina desclavados y el sol se cubre asustado con un par de nubes nimbas. Después de la tormenta queda Gene Kelly postrado de bruces sobre el pavimento, escupiendo agua estancada en sus pulmones. Después de la tormenta quedan los desagües atorados y el cocodrilo de las alcantarillas termina ahogado entre toda la inmundicia, queda además lavarse con agua poco clara y la señal de televisión es borrosa, inestable.
Después de la tormenta quedan las ratas escondidas bajo el refrigerador, la mesa, el sofá, las hormigas flotando, las moscas pegadas en el techo y los perros aúllan mirando la ventana. Después los aviones dejan caer aeromozas que huyeron para no limpiar tantos vómitos, y los que iban al cielo se ven rodeados de escombros porque cayeron en medio de la ciudad, que es lo mismo al infierno, pero con la diferencia de que hay que pagar para sufrir.
Después de la tormenta quedan las aves sin nido, las hojas sacudidas de rocíos y los ríos molestos. Ahí va uno, regresa a casa, se sacude el impermeable, la esposa le grita por manchar el piso, el perro deja de aullar y la televisión anuncia el inicio del viejo programa de espectáculos que agrupa a la familia para morir de muerte natural mientras comen algo que no recordarán en 5 minutos.
Después de la tormenta viene la calma, pero huye asustada.
11 nov 2009
La sirena varada
Una sirena varada en una esquina siente la mirada de náufragos
y pescadores
como arpones
y prefiere no pensar en ellos
prefiere flotar entre caracolas y cangrejos ermitaños.
A veces, la sirena
enciende un cigarrillo y a veces se come una anguila con las manos.
Hasta que ya es tarde
(piensa que siempre es tarde cuando uno quiere irse
y por la simplicidad de su pensamiento determina que tiene sueño)
Y aletea esquina a esquina mientras los pescadores y náufragos
embriagados
oyen el canto que entonan sus caderas y pezones al aire contraído
y la sirena sonriendo
como si Ulises la esperara en casa.
Al sétimo día
8 nov 2009
Ulises y Penélope
Penélope despiertase mira al espejo
se fríe unos huevos
y enciende el televisor.
Piensa en si Ulises tardará.
Ulises despierta en un hostal
se ducha, pretende robar la toalla, tal vez una sábana
abandona a Circe dormida y le deja 20 soles
en la mesa de noche y piensa en si Penélope espera.
Penélope maldice:
“Yo no sé tejer, ¡mierda!”
Coge el control remoto, mira la ventana
y cambia invierno por verano
mientras piensa en si coger el ovillo de hilo marrón
para tejerse una soga y colgarse de la higuera.
Ulises toma un bus, suben dos sirenas
éstas expelen un perfume
que le hacen pensar en huir por la estrecha ventana
pero mejor les cede el asiento, las observa desde lo alto
y concluye que Newton debió haberse equivocado en algo. No sé.
Penélope mira la hora.
Cambia al canal 52
entonces oye que Serrat le canta
y ella sonríe como a las verduleras en el mercado
recordando con sus ojos que alguna vez anduvo con su bolso de piel marrón.
Ulises recuerda que olvidó su reloj en la cama.
Baja del bus no sin antes aspirar
ese perfume responsable de la existencia de más humanidad.
Llega. Circe la lleva su isla y le invita a comer.
Ambos olvidan el reloj sobre la cama.
Penélope entonces envejece.
Ella tiene un cabello ensortijado y un perro se que muere de hambre en el patio.
Ya la higuera es endeble
es invierno y las ramas se dejan vencer por un viento frágil.
Cuando la inspiración no toque la puerta
La inspiración tocó su puerta y le dijo “tú no serás poeta”. Él, todavía con la resaca y con un taladro oxidado perforándole la sien, la confundió con el que dejaba el recibo de la luz. Le dijo que deje el sobre y que se largue.La inspiración entonces lo empujó abriéndose paso, vio la sala desordenada, el trago derramado, las botellas vacías de cerveza, sobres de mezcalina, discos de Carmencita Lara, AC/DC, Jean Louis Aubert, Chalchaleros y Carla Bruni. Y le dijo que “un poema también puede estar en la armonía del caos, pero tú no serás poeta”. Él solo cerró la puerta, no la miró ni con desprecio siquiera y le dijo que si quiere se quedara pero que se calle.
-Tú no serás poeta si duermes
-No me jodas -le dijo, y se tiró de bruces sobre el sillón más cercano.
-Tú no serás poeta si descansas, hay que tener disciplina.
-No me jodas, dile eso a Vargas Llosa, a mí no me tiraron los cachacos.
-Tú no serás poeta, levántate.
-Si no seré poeta para qué te molestas, lárgate.
-Sírveme un trago.
Se levantó, sirvió un ron con Coca Cola y le puso dos hielos con la mano. Se echó otra vez en el sillón y le dijo que ya no jodiera.
-Al menos dime para qué me llamaste.
-Yo no te llamé, yo estaba durmiendo. Además, yo no quiero ser poeta, solo escribo y a veces para sentirme mejor.
-Aún así, escribes pensando ser poeta pero no lo eres, no eres capaz de encontrar belleza en la acritud de tus palabras.
-Yo escribo porque me da la gana y ahora por tu culpa necesito quitarme este dolor de cabeza.
-Si tomas este trago de mierda, cómo no vas a estar mal.
-Se toma lo que se puede, no jodas. Además no es el trago, sino la mezcalina, no la había probado jamás. Al principio happy, después…
Suena el teléfono. Él contesta y elevando el tono de voz a medida que tartamudea de rabia, dice que no está interesado en comprar enciclopedias por teléfono. “¡Además, en qué parte del teléfono introduciría el dinero, idiotas!”. Y cuelga con violencia.
-Bueno, tú no serás poeta, eso vine a decirte.
-Y ya me lo repetiste un culo de veces… ni siquiera sé qué haces aquí.
-Vine a decirte eso, me abriste la puerta.
-Ah, ya recuerdo, viniste a darme el recibo de la luz.
-¿Cuál recibo idiota? ¡Soy la inspiración!
-Pero no pareces mujer, más pareces travestido.
-Bueno, ya no aguanto. Antes de irme solo una pregunta: dónde están los cuadernos azules. Vine a llevármelos porque ahí no hay poesía. No quiero ser responsable por las huevadas que piensas publicar.
-Pero tú estás muy cojuda, ¿de qué cuadernos hablas?
-De las ridiculeces que sueles escribir, las escribes en cuadernos azules.
-¿Pero de qué hablas?, inspiración de niño down.
-Ya basta de juegos, yo vine por los cuadernos.
-Oe, tú te has metido más mezcalina que yo.
-Drogadicto de mierda, dame esos cuadernos que tengo que ir a visitar a Iván Thays y luego a Alonso Cueto, no me quedará mucho tiempo para los dos.
-¿Quiénes son esos? Y por qué te vistes de blanco. ¿Pureza? Tieneeeenes una cara de rucaaaaza…
-…
-Mira Madame Mariposa, por más drogadicto que esté, te aseguro que no sé de qué cuadernos hablas.
-Adán, sino me quieres apoyar, le diré a la nostalgia y la soledad, que te den una buena visitada y ya sabes lo que te pasa cuando ellas se ponen pesadas.
-Uy, jajaja jajaja.
-De qué te ríes imbécil.
-Jajaja jajaja jajaja.
-Puta mare, cómo me hacen perder el tiempo en este huevón.
-Jajaja… es que, jajaja… Adán se llama el vecino del segundo piso. Jajaja…
-Hijo de puta, ya lo decía yo, por qué tanta mierda acumulada en un solo cerebro.
-Jajaja, puta drogadicta, has bien tu trabajo, jajaja. Y esas nostalgia y soledad, ¿no son una pareja de lesbianas? Jajaja… jajajaja. Juju jujuju jajajaj que risa que me da…
Entonces la Inspiración se bebió el ron con coca cola, se pasó los dos hielos, se levantó, miró con desprecio a Felipe y éste le dijo que deje el recibo de la luz sobre la mesa.
-Ningún recibo huevón, yo no soy de Electrosur.
La Inspiración salió dando un portazo y por la mala mañana ya no visitó a Adán que andaba con la pistola en la cabeza porque tenía el papel en blanco desde hace una semana y dos horas. La Inspiración se fue a visitar a Thays que andaba con eso de publicar otra novela sobre su cabello.
Estos versos terminan con una sinfonía de Chopin, ejecutada a cuatro manos y
El eco de un balazo que brota en ondas azules de la habitación de Adán Ignacio Pérez y Garza que fue víctima del robo de una mochila que contenía 5 cuadernos Escrib azules, de 100 hojas, rayados. “¡Todos mis poemas, mierda!”
5 nov 2009
Miedo

Temía todo. Sobre todo encontrar un cadáver bajo la cama. Temía volverse loco al descubrir que alguien lo observaba mientras cerraba los ojos al bañarse. Temía caer a los buzones de desagüe, despertar muerto, electrocutarse con la terma del baño. Soñaba que flotaba en el río y que nadie lo ayudaba. Soñaba que caía de un edificio y pegaba los gritos más fuertes que nadie oía desde las habitaciones aledañas. Soñaba que lo perseguían, que mataba, que lo buscaban por esconder cadáveres en los baños de los restaurantes. Hasta que lo despertaba el hedor de su habitación, ¿sería acaso el cadáver bajo la cama? En fin, cogía el arma, lo guardaba en el bolsillo del saco y salía a encontrarse con aquel político que le tenía otro trabajito.
4 nov 2009
Asecho

Un recuerdo, mal acomodado por mi distracción
cae en media calle y juega a ser yo mismo
para buscarme mientras yo (yo)
me dirijo a que ocurra una verdad
bajo el mecanismo de doblar las rodillas
mientras avanzo. Tratando también de no perder mis extremidades.
El recuerdo cruza la esquina, me ve que
camino pensando en una canción de Zurita Tartaglia
con la sonrisa propia de un poema que huye
de los bolígrafos y de los papeles amarillos.
Nada puede no lograr el lenguaje y la escritura puede perforarnos
las sienes, con aquella palabra
que el recuerdo canta mientras
me pisa los talones preguntándose
a dónde voy y si vale la pena seguirme.
Llego a casa (que no es mi casa, sino un pedazo de cemento manchado
de algún sueño y de espuma) alquilada, ajena, lejana. En fin, saco la llave
cruzo el marco incrustado en la pared y cierro la puerta con fuerza criminal
para quebrarle el cráneo a mi recuerdo que se proponía
robarme la tranquilidad para huir. No dice, mientras muere
que le gustaría ser enterrado en el jardín.
31 oct 2009
Lima - Martes 3:30 pm.

3:30 pm, salgo de casa sin rumbo fijo. Subo a un taxi. "A dónde va". No sé, a donde sea. "¿Al centro puede ser?". Tal vez. "Vamos al centro entonces".
-Señor, ¿alguna vez se ha sentido vacío?
-¿A qué se refiere?
-Vacío, sin ganas, sin... rumbo. No se ha levantado alguna vez de la cama y se ha preguntado ¿qué hace en este mundo y si vale la pena todo lo que hace?
-Bueno, sí. A veces me he sentido así.
-Así me siento ahora.
-Bueno, mientras me pague el pasaje, vamos a cualquier rumbo infijo entonces.
Los edificios del centro se acercan a medida que avanzamos. El cambio del paisaje se nota. Las casas son más viejas, el olor es otro y el tráfico nos hace avanzar de a pocos.
-Yo también quería preguntarle algo.
-Dígame.
-¿Cómo hace uno para librarse de un cadáver en la maletera?
-...
-De un muerto. Bueno, verá, tengo un cadáver desde anoche en mi maletera y no sé cómo deshacerme de él.
-Mmmmm
-Espero no haberlo desconcertado.
-No, solo estoy pensando.
-Ya he intenté arrojarlo al río, pero el acceso a la orilla está cerrado, lo que me obligaría a cargarlo por más de 50 metros, lo que no sería bueno para mi columna, es que por estar sentado he adquirido diversos dolores.
-Sé cómo es eso. Yo trabajo en una oficina, 8 horas sentado.
El semáforo cambia a verde. El auto blanco sigue, el taxista insiste:
-Bueno, es que no quiero llegar a casa con un cadáver, y si lo tengo por unas horas más se notará el olor.
-¿Y si lo deja en la carreta? En la Panamericana Norte hay sitios desolados.
-Puede ser… pero siempre pasa un carro y de repente se convierte en testigo clave y esas cosas. Ya sabe usted cómo es la prensa.
-Tiene razón.
-Pero… aunque, por ahí conozco un descampado. Una vez llevé a un cliente por ahí. Espero que no hayan invadido los terrenos.
-Qué bueno, me alegro por usted.
-Sí pues, gracias. Es que con todo esto de la proliferación, la centralización de Lima y el auge de las construcciones, ya uno no puede estar solo para deshacerse de su cadáver.
5:30 pm., las luces de los postes empiezan a encenderse por el nublado cielo limeño. Diríamos que hay mal tiempo y que hasta se avecina una garúa. El chofer es corpulento, de tex blanca y un cabello que de seguro no se corta hace un mes. Tiene un anillo dorado. Se da cuenta de que mis ojos apuntan hacia aquel adorno en sus dedos.
-Este anillo es del finado.
-Y por qué lo mató, si es que no es mucha indiscreción.
-Ah, no. Cómo se le ocurre. Bueno, era un cliente borracho que se quedó dormido y cuando me di cuenta estaba muerto.
-¿Y por qué lleva restos de sangre en el asiento?
-Bueno señor, debe ser de otro cliente, porque que yo sepa, este está limpio.
-…
-Bueno, usted dirá… estamos en el centro.
Cruce de Colmena con Tacna, hay movimiento normal. Saco un billete del bolsillo.
-¿Entonces hasta aquí no más?
-Sí, que le vaya bien con su muertito.
-Ok, me salvó de una. De aquí hasta el descampado son 40 minutos. Para entonces ya estará oscuro.
-Qué bueno, buen viaje.
-Gracias.
-Gracias también.
La ciudad de Lima fue fundada por Francisco Pizarro. Su cercanía al puerto, la superficie plana y la buena tierra para el cultivo fueron indicios que hicieron detener la marcha española al momento de fundar una capital de la conquista. Llego a la Plaza San Martín, ahí sigue él con su caballo, ahí todos los transeúntes de mirada perdida. ¡Cuántos cadáveres para echar por la carretera!
30 oct 2009
Para saber que existo

Para saber que existo, llego tarde a mi casa para que haya pocas probabilidades de que nadie me vea o me diga que no vivo allí y que por favor me ponga ropa que los niños están asustados y que llamarán a la policía.
Para saber que existo me dejo entregar cosas prestadas, premios que no merezco y pronuncio huelgas de hambre en los mercados mayoristas. Me pongo zapatos largos que me harán tropezar y cargo las calles que caminaré mañana.
Para saber que existo me dejo doler la espalda, cansar el lapicero, rasgarme como las mesas escolares de una biblioteca, pintarme como pared de baño público, dejarme dormir por los enemigos y me dejo saber que es martes, que tengo sueño, que mis espasmos me desean un trago o las ganas de no tener que estar probándome cosas que no tengo por qué saber, pues no me quedarán. Por Dios, ya es invierno…
29 oct 2009
Y dios creó al mundo

Dios creó al mundo en un ensayo de química de curso vacacional.
Creó al hombre, lo llamó Adán y nadie pudo comprobarlo en los registros municipales.
Creó el pensamiento y se le volvió manzana.
Creó la maldad y ésta nació deforme, con patas mullidas
y se arrastró para ser serpiente.
Y creó a la mujer y ésta le rompió una costilla al macho alfa
Le robó la billetera Dolce&Gabbana
Y se fue corriendo a Saga Falabella.
Creó también otra mujer para tener hijos
Y como la mezcla genética fue entre parientes
de primer grado de consaguinidad
-según un pergamino rescatado
de los anaqueles de la biblioteca babilónica
y que más tarde confirmó Sciencie en su especial
sobre la endogamia, de versión papel electrónico-,
los hijos le salieron con alas.
Les decían mutantes en el colegio y estos
volaban para cagarlos desde las alturas
hasta que en casa no hubo dinero por culpa del aprismo
y tuvieron que volar cogiendo carteles de Coca Cola para ganarse la vida.
Pero no tardaron en avergonzarse de tal condición
y uno de ellos no quiso vivir a las sombras de su Padre
y se fue a vivir en el sótano aunque sin aire acondicionado.
Otro de ellos, quizás el más liberal, rebelde y neo hippie,
se dejó llevar por Kurt Cobain y creó las circunstancias oportunas para ser crucificado.
Entonces el verbo se hizo carne y Marco Aurelio Denegri ya no pudo conjugarlo.
Y desde entonces los romanos aventaban leones a los cristianos
porque la tauromaquia todavía no era tan popular.
Y llegó San Agustín para vender el copyright de su nombre
a un colegio de clérigos hacendados.
Llegó también el sentimiento de culpa para contradecir al sadomasoquismo.
Llegó luego la decencia que trajo un garrote en la cajuela del coche
para vendérsela a la Santísima Inquisición.
Y los del periódico Trome arrodillánrose de plenitud.
Los devotos, a posteriori, olvidaron a los Borgia y también a Lord Vader
Y se resignaron con Juan Pablo II y Dios le dio sabiduría, amor de los hombres
y un auto con chasis de titanio antitanque.
Y así, Dios creó al mundo para ensayar y le salieron unos más bonitos y obedientes
En la galaxia Andrómeda.
Mientras, los curas hacían el amor en las películas de Almodóvar
En las playas de Miami y en los conventos de clausura
Bombeando sangre a la punta del glande desde un corazón melindroso
Con sentimiento de culpa.
Quererte significa
Quererte significa verte y temer al infinito.
Quererte es someterse a los pájaros
Dejarse matar por el enemigo
Matarse uno mismo por la espalda
Y pertenecer a este mundo que no sabemos si en verdad gira
O cae.
Quererte.
Una mano que me lleva al ahogo
Unos cabellos que respiro hasta sangrar
Una nuca con vida propia.
Y quererte además de todo que si no fuera poco
Sería porque caigo junto con el mundo.
28 oct 2009
Pequeñas siamesas
Estaban a punto de separarlas. Ya no tenía caso pensar en que estaban traicionando la memoria de su padre que siempre se opuso a esa operación, debido a la religión que profesaba. Tal vez algunos familiares las mirarían luego con indiferencia, condenándolas por tal decisión post mortem, pero ya eran mayores, estaban apunto de terminar la universidad y además cada una tenía sueños distintos.



